Saladares del Sur de Madrid y Norte de Toledo

(relato de Grama …nosotros no nos hacemos responsables, avisados estáis). Si hay un ambiente extremo, en el que hay que estar bien adaptado y además echarle un par de narices para resistir y prosperar, son los saladares. Saladares los hay al sur de Madrid y norte de Toledo. Sales, calor y sequedad en verano; sales, frío y escarcha en invierno. No hay término medio, o te adaptas o te buscas la vida en otro lado. Y si te quedas es que eres más raro que un perro a cuadros. Tan raro como los bípedos que se atreven a visitar los saladares en plena ola de calor, en el mes de julio. Riqueza botánica, sol y diversión aseguradas.

La laguna de Las Esteras se sitúa entre Titulcia y Villaconejos. Se trata de un vaso de no más de dos hectáreas que, en periodo estival, luce una llamativa costra seca y blanca. Son sales evaporitas depositadas hace la intemerata, cuando aquéllo era un gran lago salado. Básicamente están compuestas por yesos, margas, sales sódicas y sales magnésicas. Ser planta y crecer en este medio, no es fácil cuestión y las que lo hacen están muy adaptadas a estas condiciones.

La sección miraflores de ARBA ha reunido a un buen puñado de chalados. Están también alguno de la sección de deficientes mentales de GRAMA. El sol aprieta. Las cabezas van calentándose. Santiago sabe cómo captar la atención del personal y sus explicaciones hacen sobrellevar mejor el calor. Hacer entender cuestiones complejas como las comunidades vegetales de la laguna no es moco de pavo y emplea la táctica barriosésama. “Arriba, el albardinar; abajo, el salicorniar”; “Dentro, las cianobacterias; fuera, el orzagal”. Sus alumnas le miran de reojo, cojen una muestra de suelo, lo chupan y nos dicen el pH, la conductividad y el punto de sal.

El grupo debatiendo si cruzar tan inhóspito paraje

El grupo debatiendo si cruzar tan inhóspito paraje

Poco a poco van surgiendo un buen puñado de plantas. Unas “fuera”, otras “dentro”. Los coralillos pueblan las orillas hace poco ocupadas por agua. Es una planta anual y tiene que darse prisa en colonizar, reproducirse y dejar sus semillas en el suelo para el año siguiente. La sapina tiene más porte, es más señora planta y también habita “dentro”. Las mola la sal y allí la tienen a saco.Un poco más fuera está la sargadilla. Otra suculenta, que acumula agua hinchando sus hojas. Junto a ella, parientes salados como el almarjo o la barrilla.

La riqueza vegetal es tremenda. Es la única laguna salada de la región de Madrid y tan solo está protegida por estar incluida en el catálogo de humedales de la Comunidad, lo que implica que tiene que estar en suelo no urbanizable y poco más. En cualquier sitio con un mínimo de sensibilidad aquello estaría protegido como reserva de flora y puesto en valor. Ya en el pasado la cercana explotación minera vertió en la laguna y cambió sus condiciones físico-químicas. Parece que esto se arregló pero no se han vuelto ver cigüeñuelas.

Juanma ha visto moverse algo en el horizonte. Es la trucha salvaGe del saladar. Saltos de alegría. Darío se moja los pies y se convierte en la sirenita de Copenague. Antonio salta, chilla y ríe de alegría. Bea alimenta a las poblaciones de lirón careto.

Sapina (Arthrocnemum macrostachyum)

Sapina (Arthrocnemum macrostachyum)

Tras el espectáculo dado en Las Esteras, tomamos rumbo a Borox, en el reino bolo de Toledo. Junto a un polígono industrial de película de terror serie B, en un vallejo, aparece un tarayal mixto de Tamarix canariensis y Tamarix boveana, este último raro-raro. Su población es muy escasa en el centro peninsular ya que necesita unas condiciones de humedad y salinidad que no es fácil de encontrar. También entre sales, vemos juncos marítimos, que junto a los anteriores y a alguna orzaga, le aportan unas tonalidades de verde muy estéticas. Santiago mira a los ojos a Raúl y sabe que es incapaz de identificar el boveana. “El secreto está en la brácteas: brácteas grandes. Grande, pequeño; grande, pequeño”. Cuánto bien hizo Barrio Sésamo.

Por último queda un tesoro más por ver. Allá donde cristo dio las tres voces, se encuentra un arroyuelo con suelos salinos en el que encontramos una rareza en el centro peninsular: la Sarcocornia alpini. Darío se revuelca como un puerco de monte en celo y Antonio se le ofrece. Es el no va más.

Con las gargantas como suelas llegamos al bar. Se acabaron los males de calor y se da comienzo a males de otras tipologías. Creeréis que estamos locos por hacer estas cosas con este calor, pero los que hemos ido tenemos un gesto en la cara que delata nuestra felicidad. Nos conjuramos para volver al año que viene ¡y en verano!.

Sarcocornial toledano

Sarcocornial toledano

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