Organizaciones ecologistas reclaman caudales y medidas preventivas para evitar las plagas de insectos y regenerar el cauce

Todos los años en primavera vuelven las molestias por las plagas de insectos, las quejas de los vecinos, las fumigaciones inútiles pero peligrosas, la indiferencia de la Administración Regional, más biodiversidad que se sigue perdiendo… Los colectivos ecologistas Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA), Asociación Ecologista del Jarama “El Soto”, Ecologistas en Acción, Grupo de Acción para el Medio Ambiente (GRAMA) y Jarama Vivo exigen de las administraciones locales del Sureste Madrileño y de la Comunidad de Madrid que pongan en marcha un plan comarcal de medidas urgentes para regenerar el cauce del río Jarama y otros cauces, los focos de esas plagas.

En los últimos años se repite la misma situación, en abril-mayo eclosionan grandes cantidades de insectos que producen molestias a los vecinos. Se trata de los simúlidos (la llamada “mosca negra”), una especie de mordedura molesta cuyas larvas prosperan en el hábitat ideal que encuentran en los ríos madrileños: aguas con poca corriente y notable desarrollo de la vegetación acuática en el fondo de los cauces(macrofitos).

Las periódicas quejas de los vecinos provocan la habitual reacción de los gestores municipales: fumigar. Generalmente lo hacen como efecto placebo, para calmar a sus vecinos, porque saben que la eficacia sobre ejemplares adultos es muy limitada. Fumigar los ríos, aunque se haga con biocidas selectivos como el conocido Bacillus thuringiensis es un riesgo inútil y poco eficaz, porque es imposible aplicar sobre todo el ecosistema fluvial donde prosperan estas larvas (más de 70 Kms. de los ríos Jarama, Henares, Manzanares, Tajo…) y por que esas aplicaciones, y los plaguicidas empleados en la agricultura, son una amenaza para la supervivencia de numerosas especies de insectos. En la actualidad ya no es fácil ver en muchos parajes del valle del Jarama saltamontes, mariposas, libélulas, polillas, grillos…

La desaparición de estos insectos por la liberación de estos productos químicos en el medio ambiente es una peligrosa alteración cuya consecuencia directa, entre otras, es la reducción de sus depredadores naturales (murciélagos, golondrinas, vencejos anfibios…). En este escenario cualquier especie nueva que aparezca dispara sus poblaciones, es lo que está ocurriendo con la “mosca negra” o la avispa asiática. El recurso a la fumigación sólo es eficaz para calmar la ansiedad de los vecinos, y se hace casi siempre sin permiso de las administraciones sanitarias. Algún ayuntamiento ha llegado a emplear medios mecánicos para arrancar los macrofitos en algún tramo del río Henares. Saben que no sirve para resolver un problema que afecta a 70 Kms. de cursos fluviales, es un gasto de dinero público inútil y un simple aprovechamiento para publicidad política que algunos gestores no están dispuestos a desaprovechar.

Desde hace tiempo los grupos ecologistas venimos advirtiendo de esta peligrosa deriva, exigimos que la Administración Regional tome el control y aplique un plan comarcal. Ese plan debería evitar que cada municipio aplique sus particulares y dudosas recetas (de cuyos riesgos viene advirtiendo la propia Consejería de Sanidad), debería ofrecer apoyo, orientación y coordinación para mejorar las prácticas agrícolas, aumentar las poblaciones de murciélagos y otros insectívoros, difundir información rigurosa frente a los bulos. Pero sobre todo debería intervenir para eliminar el principal refugio de las larvas de la “mosca negra”, los macrofitos, la vegetación acuática que ocupa el fondo del cauce de nuestros ríos, y hacerlo desde criterios de sostenibilidad y prudencia que corresponde a escenarios protegidos.

Históricamente la eliminación de los macrofitos se producía de manera natural a través de las crecidas primaverales. La radical regulación de caudales que impone actualmente el Canal de Isabel II desde los embalses de cabecera impide esta limpieza. La aplicación de los “caudales de crecida” es una obligación reconocida en el Reglamento de Planificación Hidrológica (en apartado 3.4.1.3 de la Orden ARM/2656/2008, de 10 de septiembre, por la que se aprueba la instrucción de planificación hidrológica) y una condición para garantizar el buen estado ecológico que impone la Directiva de Aguas (DMA), especialmente en tramos de la Red Natura 2000, como es el caso. Salvo excepciones históricas hay reservas suficientes en los embalses de cabecera. Las ventajas de estas crecidas se comprobaron el 2021, cuando las riadas que provocó “Filomena” provocaron ese año la práctica desaparición de la “mosca negra” en el Jarama y Henares. Las administraciones deberían aprender de esta experiencia..

Las organizaciones ecologistas Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA), Asociación Ecologista del Jarama “El Soto”, Ecologistas en Acción, Grupo de Acción para el Medio Ambiente (GRAMA) y Jarama Vivo estamos promoviendo una campaña de iniciativas institucionales, en ayuntamientos y en la Asamblea de Madrid, para que la Comunidad de Madrid adopte, entre otras, las siguientes medidas:

  • Respetar la legislación de aguas en la gestión de caudales que lleva a cabo el Canal de Isabel II en los embalses de cabecera, garantizando anualmente desembalses controlados en primavera que arrastren la vegetación acuática donde se desarrollan las larvas de “mosca negra”, y al tiempo regenere los cauces de los ríos madrileños como prevé la DMA.
  • Un Plan Comarcar frente a la plaga de la “mosca negra” y otras especies, basado en criterios científicos. Que fomente la recuperación de especies insectívoras, cambios en los regadíos agrícolas, etc., que oriente y coordine las iniciativas de los ayuntamientos.
  • Poner fin a las fumigaciones rutinarias, peligrosas e ilegales que practican algunos ayuntamientos, reduciendo su empleo a situaciones y autorizaciones excepcionales.

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