El río Jarama se “hunde”

Hace algunas semanas quedó cortado el tráfico ferroviario entre Madrid y el Sur y Levante cómo consecuencia del desplazamiento de una pilastra del puente ferroviario sobre el río Jarama, entre Aranjuez y Ciempozuelos. Según RENFE la incidencia afectó a no menos de 14.000 viajeros.

Sorprende que a estas alturas no se haya informado a la opinión pública de las causas de una incidencia tan grave para la seguridad ferroviaria. Para quienes somos testigos, desde hace años, de los daños que soporta la ribera del Jarama no nos cabe duda que se trata de un deterioro inducido, casi diríamos que provocado, por la codicia y los negocios a costa del medio natural, y por la ausencia de una Administración eficaz que defienda el patrimonio fluvial, que es de todos.

Puente San Martin de la Vega

Puente sobre el río Jarama en San Martín de la Vega. Obsérvese como las zapatas de los cimientos ya son visibles por el efecto de erosión que el río produce sobre el fondo del cauce. La causa tiene que ver con la salvaje regulación en cabecera, la ausencia de crecidas y la extrema ocupación de las riberas.

El desplazamiento de la pilastra no tiene otra causa que la pérdida de apoyo por efecto de la erosión que sobre el fondo del cauce viene provocando el “encajonamiento” del río al no encontrar sus zonas de inundación naturales (canales, meandros…) en los momentos de riadas.

Hace décadas que el río Jarama viene siendo canalizado (ampliación del Aeropuerto de Barajas), fijado con escolleras, ocupadas sus riberas (de antigua titularidad pública) por cultivos y urbanizaciones, extraídos los materiales que debía trasladar por graveras que durante décadas han trabajado en sus orillas, incluso en el propio cauce…. El resultado de todo este inútil intento por domesticar el río no podía tener otro efecto que el fenómeno de “encajonamiento”, es decir la erosión en profundidad cuando se le impide hacerlo a lo ancho de sus riberas.

Reparar puentes (ya hay varios en “lista de espera”) puede resultar aparatoso y motivo de interés por los medios de comunicación, pero todos los días los impuestos de los ciudadanos tienen que cubrir las consecuencias menos visibles de tanto negocio carente de escrúpulos y de la ausencia de una Administración que proteja y defienda eficazmente el patrimonio público. Que se hundan los ríos significa que desciende el nivel freático en todo el valle, y esa pérdida de humedad se traduce en más agua de riego, en pérdida de arbolado, en humedales colapsados, en riesgos de inundaciones catastróficas (cuando el “canal” no pueda absorber la riada), etc. Pero estos abusos representan sobre todo la pérdida de oportunidades y de calidad de vida para los ciudadanos, especialmente para las poblaciones de la ribera.