Ecologistas en Acción y Jarama Vivo señalizan los enterramientos radiactivos del Jarama

El escape radiactivo de noviembre de 1970 en el Centro Nacional de Energía Nuclear en Madrid, ante los intentos franquistas de conseguir una bomba nuclear, fue silenciado y ocultado. De esta forma, la radiación liberada discurrió aguas abajo llegando al río Manzanares, al Jarama y al Tajo hasta llegar a Lisboa donde finalmente se detectó. Un oscurantismo que se ha perpetuado durante años y que ha provocado que al menos ocho enterramientos de lodos radiactivos hayan permanecido ocultos durante casi medio siglo. Estos residuos radiactivos procedían de los sedimentos depositados en el canal de riego del Jarama.

Ecologistas en Acción y Jarama Vivo califican este silencio como un riesgo inasumible. Tal y como reconocen informes del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) realizados en estos enterramientos, debían haber contado con vigilancia, control y señalización. Sin embargo, esto nunca se ha producido. Una mera inspección visual de los enterramientos deja patente la proximidad y el fácil acceso a los mismos. Esta falta de conservación ha hecho posible que varios de estos depósitos hayan sido removidos, ocasionando un posible riesgo de contaminación radiactiva a la población.

Aunque los residuos radiactivos depositados en estos enterramientos con forma de banquetas –elevaciones del terreno en los márgenes del canal de riego– eran los que tenían más baja actividad, los informes del CSN reconocen que en su día no se realizaron todas las mediciones adecuadas. Los técnicos del CSN proponen averiguar la titularidad de los terrenos donde se produjeron los enterramientos, señalizar las zonas contaminadas, caracterizarlas y, en su caso, descontaminar. Unas recomendaciones a las que no se ha prestado ninguna atención. Hay que tener en cuenta que durante estos 48 años han podido producirse filtraciones al suelo e incluso al Canal del Jarama, que en la mayoría de las banquetas discurre a escasos metros. Se desconoce además si bajo los enterramientos puedan existir drenajes o conducciones de agua.

Con el objetivo de evitar que puedan ser alteradas las banquetas, y por tanto liberar y dispersar la radiación, activistas de Ecologistas en Acción y Jarama Vivo han procedido a la señalización de aquellos enterramientos que han sido identificados. A la vista de los informes a los que las organizaciones ecologistas han tenido acceso, solo se puede garantizar que han sido localizadas cuatro de las ocho banquetas (B1, B2 B4 y B6). Los bajos niveles de emisiones alfa o la presencia en parámetros normales de cesio y estroncio radiactivo no pueden garantizar que esos sedimentos sean los procedentes del vertido de 1970.

“En estos momentos no existe garantía alguna de que estos vertidos no hayan sido removidos y dispersados”, señala Raúl Urquiaga, portavoz de Jarama Vivo. “De hecho, algunas de las localizaciones están sobre infraestructuras como la variante de la A4, caminos o torres de electricidad”. Para Francisco Castejónm portavoz de Ecologistas en Acción y físico nuclear, “esto es una muestra más de las malas prácticas de la industria nuclear y de una política de desinformación sobre los enormes riesgos de esta energía”. Castejón añade que “las dosis radiactivas máximas establecidas por la ley se han reducido en los últimos años, sin que ello haya sido un impulso para que las autoridades actuaran para proteger a la población expuesta a estos vertidos”.

Este no es el único caso en España. Existen otros terrenos contaminados por radiactividad. La industria nuclear los dispersó con la excusa de que los niveles de radiación eran bajos. Unas malas prácticas que han supuesto que como, en este caso, el cambio de uso de los terrenos provoque que el incremento de exposición de altas dosis de radiación sobre la población.


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