RUTA nº 3

Laguna El Campillo
(Rivas-Vaciamadrid)

 

LOCALIDAD: RIVAS-VACIAMADRID

DISTANCIAS:

• DE RIVAS A LA LAGUNA: 1 KM.
• RODEO A LA LAGUNA: 4 KM.

DIFICULTAD: BAJA

TIEMPO ESTIMADO: Teniendo en cuenta las paradas para observación de fauna, se estima entre 3-4 horas la totalidad del recorrido. 

Nota: para la visualización de anátidas se recomienda la visita entre diciembre-febrero.

Agradable paseo de escasa dificultad por una de las zonas húmedas más emblemáticas del Parque del Sureste, en la que podremos observar sin mucha dificultad numerosas aves acuáticas y otras asociadas a los cantiles y cortados yesíferos del Jarama.

Partiendo del pueblo de Rivas,al que podemos llegar en "metro", avanzaremos por la calle que sale de la iglesia y continuaremos por una pequeña carretera que baja en dirección a la laguna. A nuestra derecha se encuentra la línea de "metro" Vicálvaro-Arganda. Antes habremos contemplado los espectaculares nidos de cigüeña que ocupan el campanario de la iglesia. Debido a la cantidad de alimento que encuentran en sus inmediaciones y a lo cortos y benignos que van siendo los inviernos, ya no abandonan el nido en todo el año para migrar a latitudes más templadas. Tras un breve recorrido iremos accediendo a la zona de los cantiles de Rivas, uno de los ecosistemas más singulares del Parque (1). En ellos, grajillas y palomas revolotean y nos acompañarán todo el rato.

Una vez a la altura de la laguna cruzaremos las vías del antiguo ferrocarril, salvando la verja (ilegal, porque no permite el paso de la fauna) colocada por la Comunidad de Madrid. En esa zona se encuentra un panel informativo que nos describe de forma sencilla la historia y las características de la zona de la laguna.

A primera vista se nos ofrece una vasta extensión de agua en la que enormes bandadas de gaviotas reidoras pasan agrupadas las frías noches del invierno. Se trata de una antigua gravera inundada, de unas 40 has. de extensión. A la derecha, la línea del Metro y la autovía de Valencia, nos recuerdan que Madrid y su modelo de vida masificado está a pocos kilómetros de nosotros. Ajenos a esta circunstancia avanzaremos de frente por el camino que discurre por la orilla, teniendo en todo momento, a nuestra izquierda, los cortados. Al llegar a la altura de la fabrica de prefabricados instalada incomprensiblemente a escasos metros de dos ecosistemas emblemáticos del Parque, encontraremos una zona aprovechada recientemente como área recreativa. Un cartel de la Comunidad de Madrid nos recuerda la dejadez y despreocupación que nuestros gobernantes muestran por este espacio protegido (al Parque le llaman del "Suroeste"). Más allá de lo anecdótico, un paseo de cipreses nos muestra la peculiar forma de rehabilitar estos parajes con especies foráneas estos ecosistemas siguiendo obsoletos patrones de ñoño romanticismo.

Inmediatamente veremos el primero de los cuatro observatorios de aves con los que cuenta la laguna. Aprovechando las primeras horas de luz de la mañana, podemos contemplar diversos grupos de patos cuchara acompañados de alguna que otra pareja de ánades reales y de las siempre presentes fochas y pollas de agua.

Continuaremos nuestro paseo por el borde la fábrica y la orilla a través de la senda jalonada de cipreses. Con suerte un pájaro moscón se cruzará en nuestro camino mientras picotea en el suelo. Carboneros, mitos, herrerillos, currucas y carboneros pasarán de arbusto en arbusto mientras el mirlo les avisa de nuestra presencia. En la orilla opuesta se observa el Centro de Interpretación, un lugar imprescindible de visitar para conocer al detalle toda la riqueza y el patrimonio que alberga el Parque Regional del Sureste, centro también de actividades de educación ambiental. Poco a poco los cipreses dejarán paso a vegetación de ribera más propia de esta zona, como tarays, sauces, carrizos y álamos. Un segundo observatorio (3) ha sido instalado en un lugar poco apropiado para cumplir su función, pues detrás de dos grandes álamos y mal orientado hacia la laguna, es difícil poder divisar alguna ave.

En silencio discurriremos por la senda para no asustar a los múltiples pajarillos que salen a nuestro encuentro, no tardaremos en llegar al tercer observatorio, aquí podemos pasar un largo y entretenido rato apreciando los vistosos colores del ánade real, el peculiar pico que da nombre al pato cuchara, la singular cara de la cerceta común y la esbelta figura del somormujo lavanco. A lo lejos un pequeño ave se sumerge en las frías aguas para emerger unas decenas de metros más lejos y transcurridos unos minutos, es el zampullín chico.

El camino se aleja por unos momentos de la orilla de la laguna para tomar la curva de su borde por el este, al poco tiempo aparecerá ante nosotros el cauce del Jarama, que a partir de este punto ya nos acompañará por nuestra izquierda: por sus orillas veremos pasar fochas y pollas de agua. Mientras alguna agachadiza rebusca con su enorme pico entre los guijarros algún insecto que le sirva de alimento. Al fondo una pareja de zampullines luchan contra la corriente para mantenerse en el centro del curso del río: Pese a todo este movimiento el olfato nos hace recordar los vertidos que arrastra y de los poco que se conforma la naturaleza.

Tras pasar una chopera en la que podemos sorprender al pito real haciendo huecos en los troncos buscando su alimento, la senda se convierte en pista. Muy cerca ya se encuentra el acceso al Centro de Interpretación, situado sobre una lengua de tierra que se adentra en la laguna. De estas instalaciones partirán en el futuro tres pantalanes para ofrecer visitas controladas al humedal. Este tramo final es el más frecuentado, aun así es posible acomodarnos y esperar en silencio a que nos salga alguna pareja de patos, o quizás la silueta de un mochuelo posado en la rama de algún álamo. Tampoco nos será difícil sorprender a alguna rata de agua nadando asustada por nuestra presencia. Hay que decir que la rata de agua, al contrario que su homónimo pariente, la rata común, es una especie bastante exigente en cuanto a la calidad de las aguas en las que habita, además su dieta es básicamente vegetariana, alimentándose sobre todo de raíces y troncos.

Avanzando por la pista nos encontraremos con el cuarto y último observatorio. Más allá de las aves que podamos ver, resulta un buen lugar desde el que observar el conjunto que forman la laguna y los cortados. La pista nos llevará hasta el final del recorrido, antes podemos comprobar la numerosa presencia de pescadores y puestos instalados para esta actividad (4), pescan sobre todo carpas, barbos y black-bass. El ruido de la N-III se irá poco a poco haciendo más patente y nos devolverá a la dura realidad metropolitana de hormigón que a escasa distancia ya se impone. Un bando de cormoranes en formación pasa sobre nosotros y nos despedimos de El Campillo para volver hacia el pueblo de Rivas.

(1) Cantiles de Rivas.

Ë Centro de Interpretación..

(3) En la laguna hay varios observatorios de aves, algunos de ellos se encuentran en un lamentable estado de conservación, como consecuencia de sufrir actos vandálicos.

(4) Puesto de pesca.

Vista de la laguna desde la zona del Centro de Interpretación.

 

 

 

 


Esta página ha sido actualizada el jueves, 03 de junio de 2004