Riqueza cultural

A lo largo de los años los asentamientos próximos al río han modificado el entorno con sus diferentes actividades. La agricultura ha creado acequias, azudes, canales y otras obras. Puentes, molinos y pequeñas represas forman parte de paisajes en los que se integra la naturaleza y la influencia humana. Así mismo, numerosos caminos han acompañado desde antiguo al río, comunicando los pueblos asentados en sus orillas.

Los primeros pobladores de estas tierras se asentaron en ellas hace aproximadamente 300.000 años, de la época quedan abundantes instrumentos tallados en sílex: puntas de flechas, lascas, raederas… con las que cazaban y preparaban las piezas. En el Paleolítico superior (19.000 a 15.000 a. C.), los utensilios alcanzaron una considerable perfección técnica, como lo demuestran los útiles de este período: buriles, navajas, punzones, puntas de flecha e instrumental realizado en hueso. Los pocos habitantes de la época vivían en cuevas (como la Cuniebles, en Pinto, junto al Arroyo del Culebro), soportando un clima no demasiado propicio.

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Cuchillo de sílex procedente de un yacimiento cercano a San Fernando de Henares

Del Neolítico no existen restos en la zona, lo que sólo indica que ese tipo de yacimientos aun no han sido descubiertos. En esta época los habitantes nómadas que pululaban por el Jarama serían básicamente cazadores-recolectores llegados de otros lugares a la zona centro. Debemos tener en cuenta que el río Jarama, además de constituir un “nudo de comunicaciones” aporta un paso a la meseta septentrional, con lo que diferentes migraciones pasaron por aquí.

La gran revolución de la Edad del Bronce trajo consigo un aumento de la población, la paulatina ocupación de las vegas del río, la construcción de viviendas circulares y la aparición de los primeros animales domesticados. La importancia de esta época reside en los asentamientos no fortificados junto al río (no había de quién defenderse), y marca la pauta de un aprovechamiento que llega hasta nuestros días.

En la época romana la vega es cultivada de manera intensiva y pueblos como Rivas (Ripia carpetana), o Titulcia conocieron un gran esplendor al estar situados en la vía romana de Mérida a Zaragoza. La llegada de nuevas oleadas nómadas, de tribus celtas, es conocida gracias a los enterramientos de incineración (La Torrecilla, en Getafe) o por los instrumentos de hierro y utensilios cerámicos fabricados con torno. Los asentamientos carpetanos de la época (mezcla de la cultura ibera y celta) estaban constituidos por casas de planta rectangular, con paredes de adobe y piedra, que se disponían irregularmente en torno a una plaza central. El origen de muchos pueblos de esta Comarca se encuentra precisamente en estos asentamientos y su nombre actual procede del primitivo, aunque latinizado durante la dominación romana, como Arganda, Titulcia o Coslada. De la colonización romana el asentamiento más interesante fueron las explotaciones de sal de San Martín de la Vega, que suministraban directamente a Roma.

La ocupación árabe desarrolló los cultivos de vega, creando una infraestructura de riego. No fue un lugar tranquilo, durante mucho tiempo era frontera entre los reinos musulmanes y cristianos, en la que se producían constantes escaramuzas. Ciudades como Getafe (Sataf o Xetafel), Pinto y Valdemoro tienen su origen en la época. La Reconquista vino acompañada de la expulsión de muchos agricultores musulmanes, abandonándose las tierras durante un tiempo.

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Ermita del Cristo de Rivas y río Jarama

En la Baja Edad Media, el predominio de los cultivos de secano y el auge de la ganadería lanar, debieron configurar un paisaje muy parecido al que conocemos hoy. Es el momento de mayor expansión de La Mesta y el momento en que grandes rebaños trashumantes recorrían la Península por la red de Cañadas Reales, de las que tenemos conocidos ejemplos en nuestra zona.

A partir de que en 1561, Felipe II instala la Capital de España en Madrid, las localidades de la vega del Jarama pasan a convertirse en proveedores de productos de primera necesidad. es el momento en el que se empiezan a reconocer la calidad de los vinos, legumbres, quesos y otros productos procedentes de la vega del Jarama. Los pueblos agrícolas sufren, sin embargo, un progresivo retroceso demográfico y se empobrecen. El siglo XVIII  supone la recuperación de algunas localidades (Aranjuez, Valdemoro, San Fernando de Henares) gracias a las iniciativas industriales o residenciales de algunos monarcas ilustrados. Hasta el siglo XX las localidades de la vega son dependientes de los avatares de la capital del Reino.

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La Batalla del Jarama ha dejado sobre el terreno una incontable sucesión de restos de trincheras y toda clase de fortificaciones. Algunas entidades organizan rutas por algunas de estas zonas, incluso hay un museo privado (con acceso público) en Morata de Tajuña. Es urgente que estos yacimientos históricos no acaben olvidados y vandalizados.

Desde febrero de 1937 el Jarama es un topónimo conocido internacionalmente. Entre los días 5 y 25 de ese mes, las tropas fascistas del general Franco intentaron cortar la vía de comunicación y abastecimiento de la capital -la carretera de Valencia-, en un intento de acelerar la caída de la República. El frente se montó a lo largo de 25 kilómetros, desde San Martín de la Vega a Vaciamadrid, y pronto llegó hasta el propio río, generalizándose los combates por toda la zona. Finalmente el día 25 las tropas gubernamentales rechazaron el ataque y se estabilizó un nuevo frente no muy lejos del inicial. En este enfrentamiento, uno de los más violentos de la Guerra Civil, se emplearon profusamente la aviación y los carros de combate, saldándose con unas pérdidas de más de 20.000 combatientes, especialmente brigadistas internacionales, que acudieron en gran número a taponar la ofensiva. Resultado de esta intensa actividad bélica son numerosas trincheras, refugios y casamatas que todavía es posible descubrir en los cantiles y cerros por toda la zona. En diversas ocasiones responsables municipales de Rivas Vaciamadrid y Arganda han manifestado su interés por proteger estos refugios e incorporarlos a un proyecto de recuperación de la memoria histórica, junto con otras actuaciones ya en marcha, en Morata y otras localidades. Para acceder a documentación sobre la batalla del Jarama, pulsar en:

“La Batalla del Jarama y la  colina del suicidio”
Fondo documental del Ayuntamiento de Arganda del Rey

El Jarama, un lugar de ocio de los madrileños

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Ya en 1933 la República diseñó varios recintos de ocio fluvial en la zona de San Fernando, unos baños populares, conocidos como “Las Playas del Jarama”. Un intento de crear lugares de esparcimiento para el descanso de los trabajadores. La guerra civil truncó aquellos proyectos. El dibujo corresponde a uno de esos proyectos.

Ya antes de la contienda, pero sobre todo durante los años 50 y 60, la zona es un lugar de recreo y de encuentro de los madrileños con la naturaleza. El Puente de San Fernando, el de Arganda, La Poveda, fueron lugares de recreo típicos, sitios donde pasar el fin de semana, donde ir a pescar o a darse un baño. Ver “antecedentes históricos” pulsando aquí.

Los últimos años del siglo XX han supuesto para la Comarca cambios extraordinariamente profundos, mucho mayores que los acontecidos en todos los siglos anteriores. Radicales cambios en las actividades tradicionales y en la economía local, que ha pasado a depender del sector servicios o la industria. Como consecuencia se han abandonado las explotaciones tradicionales y aparecen infraestructuras, polígonos, tendidos eléctricos, urbanizaciones… Ni siquiera el agricultor considera el cultivo como prioridad (lo que se compensa con el empleo intensivo de fitosanitarios). El Sureste madrileño ya es un paisaje profundamente transformado, humanizado a costa de los primitivos ecosistemas naturales que, a pesar de todo, insisten en negarse a desaparecer.

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