La elevación de las temperaturas y ríos alterados atraen a la “mosca negra”

Desde hace algunos años ha hecho su aparición en el tramo bajo del río Jarama una nueva especie de insecto, es la “mosca negra“, un pequeño y molesto díptero que ha desatado en ocasiones una histeria mediática y social poco razonable. La presencia de esta nueva especie ha puesto en evidencia, una vez más, el lamentable estado de los ríos y las consecuencias que estamos provocando con las alteraciones sobre el medio ambiente o el abandono de las competencias que las administraciones tienen en la conservación del medio natural.

En el valle del Jarama hay una alta biodiversidad, sus habitantes ribereños han convivido durante milenios con toda clase de “bichos” más o menos molestos. Ellos formaban parte de la riqueza y de los equilibrios naturales del territorio. Al margen de los urbanitas que exigen un entorno “aséptico”, libre de “bichos”, es cierto que este sistema está fallando por las alteraciones que provocamos con nuestras actividades insostenibles y con las alteraciones que causamos, solo hay que asomarse a los cauces de los ríos madrileños para comprobar hasta que punto hemos modificado el medio natural.

Desde hace unos años los medios de comunicación recogen noticias sobre la “mosca negra”. Se dice que sus picaduras son peligrosas, que hay plagas (la Comunidad de Madrid no ha declarado ninguna plaga de simúlidos hasta la fecha), que los centros de salud se colapsan… Demasiadas veces se trata de noticias alarmistas que tienen un riesgo aun mayor que las molestas picaduras: que las administraciones se vean forzadas a intervenir con medidas de urgencia para calmar la “alarma social” y acaben aplicando el procedimiento habitual: fumigarnos con plaguicidas.

Han sido precisamente estos tratamientos con plaguicidas los que todavía causan grandes problemas a nuestro alrededor (ya casi no se oyen grillos, no se ven saltamontes, o polillas en las farolas, no hay anfibios…). El envenenamiento de los suelos tiene mucho que ver con estos tratamientos, realizados con pocos escrúpulos. Tratamientos que todavía hoy se siguen pidiendo como remedio a pesar de que los expertos hace tiempo que han confirmado que la aplicación generalizada de plaguicidas tiene poca efectividad, especialmente sobre poblaciones de insectos adultos. Veamos que está sucediendo y que se puede hacer sin causar aun peores males.

QUE ES LA “MOSCA NEGRA”

En nuestro país hay 53 especies de simúlidos y hasta ahora su presencia ha pasado casi desapercibida. El aumento anormal de sus poblaciones y su asentamiento en determinadas zonas se viene produciendo de manera creciente desde que aparecen por primera vez en 1997, en Cataluña, pero hasta el año 2003 no se inician las primeras actuaciones encaminadas a su control. En el año 2011 se detecta que se han extendido en Zaragoza y la Comunidad de Madrid, principalmente las zonas de Rivas y Torrejón de Ardoz, donde los centros de salud si han atendido a un número apreciable de afectados por las picaduras. Actualmente, los casos de presencia de simúlidos se concentran a lo largo de unos 58 kilómetros de cauce de los ríos Jarama y Henares, en los municipios de Mejorada del Campo, Torrejón de Ardoz, Rivas-Vaciamadrid, Arganda del Rey, Velilla de San Antonio, San Fernando, Alcalá de Henares y Coslada.

Los simúlidos son pequeños insectos, de no más de 2-4 milímetros, viven en la vegetación próxima a los ríos y ecosistemas acuáticos. Depositan los huevos en la vegetación de las riberas, en los sedimentos húmedos o sobre el agua. Para el desarrollo de las larvas acuáticas necesitan cursos de agua corriente que debe estar bien oxigenada y con aporte de materia orgánica en suspensión.

Las larvas se fijan a diferentes sustratos, piedras del fondo, vegetación incluso plásticos y otras basuras. También favorece su desarrollo la proliferación de algas en las que tiene lugar la fase de pupa. Los simúlidos adultos se alimentan de jugos vegetales, pero en algunas especies las hembras necesitan el aporte de sangre para el desarrollo y la puesta de los huevos y son muy agresivas.

Según las conclusiones de los estudios realizados en el tramo medio del Ebro, la causa de su proliferación en algunos lugares se debe a varios factores:

  • El cambio climático, con inviernos cortos y temperaturas suaves, que reduce la mortalidad invernal y amplía el periodo de actividad de los insectos.
  • Implantación de nuevos regadíos y la colonización de los canales y acequias de distribución por los insectos. La desaparición o reducción de sus insecticidas naturales: aves, quironómidos, etc.
  • La modificación de las características medioambientales de los ríos debido a las actividades humanas, tales como la regulación del caudal de los ríos o cambios físico-químicos de las aguas, junto con la proliferación de plantas sumergidas en el cauce (los macrofitos son al parecer una de las principales causas de la proliferación de simúlidos en Zaragoza y en el Jarama-Henares).
  • La colonización de nuevos hábitats por adaptación al medio.

Algunas especies empiezan a modifican sus necesidades, siendo capaces de persistir en aguas más estancadas y con mayor contaminación.

COMO ACTUAR FRENTE A UNA POSIBLE ALTERACIÓN DE SUS POBLACIONES

Hasta hace poco las administraciones públicas intervenían frente a estos problemas aplicando el tratamiento de plaguicidas. Poco a poco se va imponiendo un criterio menos agresivo y basado en actuaciones más diversificadas. Demasiadas veces en el pasado se han aplicado medidas de fumigación generalizadas que además de acabar con los insectos han creado mayores problemas, que se han hecho notar años después (contaminación de suelos, riesgos sanitarios para las personas, eliminación de especies ajenas, desequilibrios depredadores-presas, etc.).

El control de los macrofitos es una medida preventiva eficaz porque elimina el ambiente en el que se desarrollan las larvas. Mientras algunos ayuntamientos están empleando sistemas mecánicos costosos y poco eficientes (por no afectar al conjunto del río) una simple crecida del río en primavera ahorraría todo este trabajo y regeneraría el cauce. Ni más ni menos que lo que naturaleza hacía antes de que encerráramos a los ríos en las presas. El Jarama y el Henares necesitan corriente, crecidas anuales …necesitan volver a ser ríos y dejar de ser canales de aguas estancadas, de otra forma llegarán más problemas.

Cualquier actuación debería apoyarse en un estudio previo de las causas que favorecen la proliferación de estas especies. Con ese diagnóstico debería abordarse una estrategia que debería tener como prioridades la intervención preventiva (por razones de eficacia), y la aplicación de medidas sostenibles (que no creen más problemas al medio ambiente o la biodiversidad). En el caso de la mosca negra es necesario que las administraciones trabajen por disponer, al menos, de los siguientes datos: el estado de las poblaciones de los insectívoros naturales (quironómidos, aves, libélulas, etc.), identificación de las zonas de desarrollo larvario (incluidas las parcelas agrícolas que se inundan durante semanas en época de riegos), calidad de los efluentes de salida de las depuradoras (especialmente sobre el nivel de nutrientes), densidades de población de la especie, información oficial sobre atención sanitaria extraordinaria.

Es importante que las administraciones informen sin alarmismos sobre las molestias que causan estos insectos, como aplicar medidas de protección, el riesgo real y las medidas que se están adoptando. De esta manera se evitará el bochornoso espectáculo de medios de comunicación, y algunos grupos políticos, interesados en levantar una alarma infundada, centros de salud colapsados, o plagas que no se han declarado.

A diferencia del Ebro, en la Comunidad de Madrid no conocemos ningún informe sobre la expansión de los simúlidos. Atendiendo a que en el Jarama-Henares podría estar produciéndose una situación similar, las administraciones deberían tener en cuenta estas medidas en la proporción y prioridades que estableciera el diagnóstico previo:

  • Eliminación de macrofitos de los cauces. Es una medida eficaz porque elimina el hábitat en el que se desarrollan las larvas. El fondo de los cauces del Jarama y el Henares están ocupados por una auténtica alfombra de hierbas acuáticas, especialmente de la espiga de agua (Potamogeton pectinatus). El procedimiento más barato y eficaz es reproducir las crecidas naturales del río en primavera. Es además una obligación de las administraciones para garantizar el “buen estado ecológico” establecido en la Directiva de Aguas.
  • Recuperar las poblaciones de insectívoros naturales. En los últimos años los expertos están advirtiendo sobre la reducción de muchas especies de aves, también de quirópteros (murciélagos). Está demostrado que recuperar estas especies es un sistema que funciona, aunque requiere de cierto tiempo y de un seguimiento de su eficacia, mayor en el caso de las aves por coincidir la actividad diurna con la de los simúlidos.
  • Cambiar los hábitos agrícolas. En el Valle del Jarama todavía es habitual encontrar gran número de parcelas inundadas en la temporada de riegos. Además del alto consumo de agua se generan ambientes idóneos para la propagación de larvas. Una elemental política de sostenibilidad en el aprovechamiento de los recursos ayudaría a evitar estas situaciones.
  • Larvicidas. Debería ser la última opción por razones de prudencia. El control biológico de las larvas mediante las esporas de la bacteria Bacillus thuringiensis var. Israleliensis. Este bioinsecticida es altamente selectivo, teniendo una actividad específica contra las larvas de algunos dípteros (culícidos, simúlidos y algunos quironómidos). Es en principio una solución de emergencia en tanto funcionan los remedios de recuperación del medio y los equilibrios naturales alterados.
  • Información. Desde las administraciones hay que combatir con información solvente, el aprovechamiento que se hace de estas molestias y alteraciones para generar alarmas artificiales. Este control de la “ansiedad social forzada” es importante para prevenir la tentación de algunas administraciones a recurrir, para calmarla, a tratamientos de fumigación de riesgo sanitario y medioambiental.

Lamentablemente todas estas medidas exigen de la intervención de Administraciones que han demostrado poca sensibilidad por el medio ambiente. Probablemente este es el principal problema para enfrentarnos a los simúlidos. En primer lugar la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT), que ni siquiera responde a los Ayuntamientos que le han pedido una simple reunión para estudiar posibles medidas. La CHT ha demostrado sobradamente que el estado de conservación del Jarama o el Henares no forma parte de sus prioridades (ni siquiera es capaz de respetar las obligaciones de recuperación que se establecen en la legislación europea).

El Canal de Isabel II depende de la Administración Regional de Madrid, gestiona las presas de cabecera y tiene la llave de las compuertas. Saqueos de fondos públicos aparte, sus responsables han mantenido su actividad en el marco de considerar a los ríos de la Comunidad de Madrid como simples canales por donde se pierde el agua que se necesita. Sólo tras sentencias judiciales llegaron a liberar agua para poner fin a la desecación crónica que provocaban en el Jarama y otros ríos.

La Administración Regional de Madrid. Son quienes deben vigilar y evaluar las situaciones de riesgo sanitario y ambiental. Demasiadas veces se lavan las manos si hay agua de por medio. Tienen la responsabilidad de garantizar la conservación de los ecosistemas del Parque Regional del Sureste, entre ellos los ríos y los humedales, demasiadas veces colmatados de nutrientes y con fuertes procesos de eutrofización, que facilitan la propagación de estas especies oportunistas. Es la administración que debe declarar la situación de plaga y evaluar la incidencia sanitaria mediante datos procedentes de los centros de salud.

LAS MOLESTIAS QUE CAUSAN

Los simúlidos no pican muerden, y no nos damos cuenta inmediatamente ya que estas moscas, al mordernos, liberan una sustancia anestésica, vasodilatadora y anticoagulante, pero el dolor aparece luego y nos deja una marca rojiza, inflamada y sangrante. Como en el caso de mosquitos y otros insectos picadores, los daños dependen mucho de la sensibilidad de cada persona, así en algunas personas no provoca apenas reacción y en otras puede llegar a provocar una fuerte reacción alérgica. Según la literatura científica, de momento, en Europa no revisten riesgo de transmisión de enfermedades, aunque en otras zonas sí que producen problemas sanitarios (oncocercosis y transmisión de filarias a animales domésticos y salvajes).

Los simúlidos muerden y, en ocasiones, pueden provocar reacciones que requieran tratamiento médico.

Las molestias las podemos sufrir de mayo a octubre, sobre todo en la madrugada y a la caída de la tarde, cerca de ríos y otras zonas húmedas, aunque las hembras se pueden desplazar hasta 50 km en busca de mamíferos a los que picar. Las medidas de protección que podemos llevar a cabo de manera individual son, en primer lugar, impedir que entren en nuestras viviendas mediante telas mosquiteras o sistemas similares.

En el caso de que vayamos a pasear por zonas que sabemos que están afectadas, es conveniente llevar ropa que nos cubra la mayor parte del cuerpo, de colores claros, y usar repelentes, geranioles o citronelas.

En el caso de que no podamos evitar la picadura, debemos de limpiarla bien, desinfectarla, sin rascarse para evitar infecciones y, en caso necesario, consultar con el médico.


Más información:

Informe científico sobre la expansión de los simúlidos en el Ebro
Más aves, menos mosquitos
Ayuntamientos del Jarama exigen medidas a la Administraciones
La experiencia de retirada de macrofitos en Torrejón de Ardoz (noticia)
Instalación de cajas nido para murciélagos en Velilla de San Antonio (noticia)

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