La actividad minera en el Parque Regional del Sureste

Las graveras han sido una actividad tradicional en el valle del Jarama. Desde mediados de los años 70 estas explotaciones han tenido un importante crecimiento y se han concentrado en la franja de mayor productividad: la zona entre Mejorada del Campo y San Martín de la Vega, y muy especialmente el área de Arganda-Rivas (con potencias de hasta 30 m. de profundidad en los depósitos de gravas, como consecuencia de fenómenos de disolución y hundimientos históricos de los suelos yesíferos sobre los que se depositaron). El resultado de esta concentración y la ausencia de una legislación que impusiera controles ambientales ha sido la ocupación de gran parte de la ribera y la degradación de todo el patrimonio natural del que disfrutaron miles de madrileños en los años 60.  

Hasta finales de los años 80 no se aplican planes de restauración en las explotaciones y, cuando comienza a aplicarse el R.D. 2994/1982 sobre restauración de espacios naturales afectados por actividades extractivas, los trabajos no pasan de la suavización de los taludes. Todo ello a pesar de las importantes fianzas que las empresas tenían que depositar para labores de restauración, 1.611 millones en 1995. La propia Comunidad de Madrid reconoce que esta actividad viene causando graves daños ambientales: en el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales se reconoce que el 42,8% de las 78 explotaciones censadas en 1998 producen impactos calificados como “altos” o “severos”.

Junto a las graveras “legalizadas” ha existido siempre un sector de empresas que han preferido seguir con explotaciones piratas, sin ninguna autorización administrativa y sin obligaciones ambientales. Tan sólo en Mejorada del Campo se denunciaron 5 instalaciones de este tipo entre 1994 y 1995. Que estas explotaciones hayan funcionado durante años sólo se explica por la connivencia de algunas administraciones (Ayuntamientos y Consejería de Medio Ambiente). Es una tendencia afortunadamente en retroceso, no tanto por la disciplina ambiental sino por el interés de las empresas por situarse mejor ante un futuro de controles y recorte de la actividad.

Justo es reconocer también que los criterios de restauración ambiental van formando parte de la planificación y las inversiones en un sector creciente de empresas, que han entendido lo insostenible de la situación y su papel de agresores ambientales en nuestra Comarca.

La aprobación de la Ley del Parque y del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) han sido la oportunidad de poner orden “ambiental” en el sector. Una regulación que ha intentado tener en cuenta todos los intereses (lo que no es poco teniendo en cuenta el pasado reciente), intentando que las nuevas explotaciones no sigan causando mayores daños. A pesar de las limitaciones y condiciones que estas normas imponen a las graveras que actúan entre San Fernando de Henares y Aranjuez, más del 50% del Parque sigue siendo suelo explotable.

La Administración Regional actúa sin embargo retardando una solución definitiva. El PORN se ha conseguido aprobar tras cuatro años de retraso, el Plan rector de Uso y Gestión y el Plan Ambiental de Zonas de Explotación (la regulación de la minería de áridos en la CAM) van camino de una dilatación similar.

  Ver relación de explotaciones mineras de los municipios del Parque Regional del Sureste

transito ilegal de camiones por el área recreativa de Las Islillas (Mejorada del Campo, 1995)

En la actitud de tolerancia de la Administración hacia los abusos de algunas empresas de áridos está la causa de la mayor parte de los problemas ambientales que genera esta actividad. A pesar de las decenas de denuncias presentadas y de las agresiones diarias, y a la vista de cualquiera, las empresas más reincidentes ni han sufrido sanciones relevantes ni han encontrado obstáculos para conseguir nuevas concesiones mineras, la Dirección General de Minas y la Consejería de Medio Ambiente han demostrado ser unas administraciones muy "comprensivas" hacia este tipo de empresas.

En la fotografía: Tránsito ilegal de transportes de áridos por el paseo central del área recreativa de Las Islillas (1995).

Gravera ilegal en La Guindalera (Mejorada del Campo, 1995)

Si la explotación intensiva de áridos de la Región se ha concentrado en el valle del Jarama, ha sido por los importantes yacimientos que hay en la zona. pero también por la alta rentabilidad que ofrecía este negocio para las empresas. Con una pequeña inversión y una parcela limitada se explotaban potencias (espesores) de hasta 25 m.). ¡Y además, no había que restaurar los suelos!. Un negocio seguro. Algunos ayuntamientos han llegado incluso a fomentar la minería pirata.
En la fotografía: gravera ilegal de La Guindalera (Mejorada del Campo, 1995)

Laguna "El Soto" y cantiles de Rivas

La actitud de las grandes empresas de extracción va cambiando y ya hace algunos años que incorporan recursos y profesionales para intentar minimizar los impactos que producen. Algunas han modificado o sustituido maquinaria para amortiguar los impactos sonoros (ARIPRESA), otras proceden a restauraciones orientadas a consolidar reservas de aves acuáticas (PIONEER CONCRETE) 

En la fotografía: vista parcial de El Picón de los Conejos, humedal en fase de restauración (Velilla de San Antonio, 1998)


Esta página ha sido actualizada el martes, 28 de agosto de 2001