Cantiles

Los cortados del Jarama, Manzanares y Henares, constituyen uno de los paisajes más singulares del parque Regional del Sureste. Forman un relieve que destaca sobre las llanuras predominantes en la Región, además de poseer un alto interés científico por las condiciones de su formación, por su papel de refugio para especies animales y vegetales y, sobre todo, como zona de cría de diversas especies.

Formación

Los cantiles están presentes prácticamente a lo largo de todo el curso del Jarama. Siguen existiendo gracias al trabajo combinado del levantamiento y la socavación del río Jarama, que desde hace tiempo emigra hacia el Oeste. La relación entre el río y los cortados constituye una vieja historia cíclica que se ha repetido innumerables veces: cuando hay suficiente pendiente se produce el desprendimiento o el deslizamiento en las laderas, los materiales caídos desvían el río, alejándolo de los acantilados; este desvío del río da lugar a meandros que, a su vez, originan depósitos en la cara interna de la curva; así se forman esos terrenos, fértiles y ricos en gravas y arenas, como ocurre en El Piúl. Con el tiempo, el río, que insiste en emigrar hacia poniente, llega de nuevo hasta los acantilados y retoma su trabajo de erosión hasta el próximo desprendimiento.

Las formaciones de este tipo más características del Parque se encuentran en el Jarama -El Piúl, La Marañosa, Titulcia…-, a los que nada tiene que envidiar los cortados de la presa del Henares.

Los cantiles son, a su vez, un perfil esculpido de las elevaciones circundantes. Son los cerros yesíferos, el resultado de los sedimentos originados tras la evaporación de enormes masas de agua, rica en sales, que cubrían los fondos pantanosos y las depresiones salinas de La Mancha durante el Mioceno, época geológica del Terciario que se inició hace unos 26 millones de años.

Precisamente, en estas zonas del Parque del Sureste, quedan numerosas huellas de nuestra historia, de asentamientos y construcciones ligados a su carácter estratégico, sobre todo trincheras de la guerra civil, pero también restos arqueológicos medievales e, incluso, paleolíticos.

Flora

llanuras_yesiferos

Las cumbres yesíferas que coronan los cantiles esconden una singular riqueza botánica y faunística, a pesar de la pobreza aparente de recursos. En la fotografía: cerros de Titulcia

En este escenario escasamente desarrollado, cuando no esquelético, que apenas si contiene otra cosa que yeso puro, han evolucionado durante milenios especies vegetales que han sido capaces de diseñar formidables adaptaciones para doblegar la resistencia de los yesos a ser colonizados: reforzamientos cuticulares, reducción de la superficie foliar, arrollamiento de las hojas sobre su envés, exudaciones, recubrimientos tomentosos…, son algunas de las comunidades vegetales típicas de este ecosistema.

El jabunal (Gypsophila struthium), es el más representativo. Se trata de un matorral bajo y de escasa cobertura (en gran parte debido al exceso de pastoreo) al que acompañan tomillos (Thymus aranjuezii, Thymus zygis), gamones (Asphodelus ramosus) y jarillas (Heliamtemun squamatum). La jabuna -nombre que proviene de las cualidades jabonosas de la planta- compone comunidades de gran austeridad, capaces de colonizar los espacios más duros y difíciles del Parque. Por ello a pesar de su poca vistosidad constituyen formaciones clave que conviene proteger, especialmente de sobrepastoreo.

La base de los cerros y las depresiones de los barrancos, es decir los lugares donde se acumulan los materiales y los suelos más nitrogenados, son el reino del ontinar (Artemisia herba-alba), un pequeño arbusto de hasta medio metro cubierto de una densa borra algodonosa y blanquecina.

Las laderas inferiores y más suaves, y las terrazas, están colonizadas predominantemente por formaciones de esparto basto o atocha (Stipa tenacísima). Los otros espartales de la zona, formados por el llamado esparto fino o albardín (Lygeum spartum) colonizan preferentemente las lomas de los yesos y se extienden hacia las campiñas de suelos salinos, asociándose con el junco churrero (Scirpus holoschoenus), grama (Cynodon dactylon), fenal (Brachypodium phoenicoides). El esparto tiene un gran valor por su carácter protector del suelo y la formación de refugios para algunas especies de vertebrados.

Estos matorrales, a menudo poco apreciados por el gran público, son la única forma de recolonización posible de unas tierras duras y austeras, y, por lo tanto, la única alternativa a la degradación total de estos parajes.

Fauna

cantiles_halcon-peeregrino

El halcón es la especie más emblemática de estos parajes. Lamentablemente sus poblaciones se han visto muy reducidas por el efecto combinado de varios factores, especialmente la competencia del buho real y las consecuencias de los plaguicidas.

Los cortados tienen un alto valor como lugar de cría para numerosas especies animales entre las que se incluyen las más emblemáticas del área. Los cantiles son el lugar elegido pos los restos de una importante colonia de halcones peregrinos (Falco peregrinus), junto a ellos, milanos negros (Milvus migrans) que hasta hace poco constituían la única colonia de España de anidamiento en roca, el gigantesco búho real (Bubo bubo) en plena recuperación de los feudos perdidos hasta hace poco, cernícalos vulgares (Falco tinnunculus) y, por la noche, lechuzas (Tyto alba) y mochuelos (Athene noctua). Cortados como los de El Piúl albergaron, no hace muchos años, alimoches (Neophron pernopterus), buitres leonados (Gyps fulvus) y águilas perdiceras (Hieraaetus fasciatus). Las paredes verticales son el reino de las grajillas (Corvus monedula) y chovas piquirojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), donde es habitual descubrirlas jugueteando con el viento o atosigando a algún depredador.

Con la excepción del búho real, las poblaciones de rapaces de los cantiles atraviesan por momentos críticos, su más emblemático inquilino, el halcón peregrino, tiene ya una presencia casi testimonial por el afecto combinado de pesticidas, caza y robo de nidos.

Además de rapaces y córvidos los escarpes rocosos son el lugar para aves tan interesantes como la rara collaba negra (Oenanthe leucura), el bello y escurridizo roquero solitario (Monticola solitarius), la paloma bravía (Columba livia) (presa por excelencia de los halcones), el avión roquero (Ptynoprogne rupestris), la tarabilla común (Saxicola torcuata) o la curruca rabilarga (Silvia undata).

Entre los depredadores, el zorro (vulpes vulpes) es el más afortunado al tener una mayor adaptación a los desequilibrados ambientes creados por el hombre. Junto a él, tejones (Meles meles), garduñas (Martes foina), conejos (Oryctolagus cuniculus) y algunos ejemplares de jabalí (Sus scrofa).

Los reptiles encuentran presas, refugios y lugares para solearse, y no son excepcionales los ejemplares de culebra bastarda (Molpolon monspersulanus), la de escalera (Elaphe scalaris), el eslizón (Chalcides chalcides) o el lagarto ocelado (Lacerta lepida), además de lagartijas singulares como la colirroja (Acanthodacthylus arythrurus).

Los insectos constituyen un mundo variado y complejo, a veces llenos de descubrimientos, como es el caso del escarabajo (Plagionotus marcorum), que se creía definitivamente desaparecido en la Península, encontrado recientemente en varios emplazamientos del Parque.

Para acceder al inventario sistemático de fauna del parque, pulsa aquí.

Problemas y amenazas

Los cantiles del Parque del Sureste están sometidos a una importante presión cinegética, más o menos furtiva (La Marañosa y El Piúl), a la presencia de un número creciente de visitantes, más acusada conforme avanza la expansión urbanística de Rivas Vaciamadrid (El Piúl). Y a la persistente actividad de experimentaciones con explosivos desde la planta militar de La marañosa.

Las poblaciones de rapaces que anidan en estos ecosistemas se encuentran muy reducidas como consecuencia, principalmente de la competencia del búho real (la única especie en plena expansión) y por el empleo de cócteles de plaguicidas en las zonas limítrofes. La recolección de plantas medicinales es otra actividad que causa un importante daño al patrimonio natural de estas áreas.


Bibliografía consultada:

  • Consejería de Medio Ambiente (1999) EL PARQUE REGIONAL DEL SURESTE.
  • Martínez Alvarez, Jesús Roman y otros (1991). LA COMARCA DEL JARAMA-HENARES, AL NATURAL. Editado por el Ayuntamiento de San Fernando de Henares.
  • Varios (1998). PARQUE REGIONAL DEL SURESTE DE LA COMUNIDAD DE MADRID. Editado por Amigos de la Tierra y la Asociación Ecologista del Jarama “El Soto”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *